La Voz

10/11/2010 at 17:16 Deja un comentario

LA VOZ

Aquella voz no dejaba de sonar en su cabeza, era una voz extraña, a veces de hombre, a veces de mujer, a veces dulce y a veces chillona. La voz lo acompañaba a donde él iba e incluso se hacía presente en sus sueños, ¿acaso sería su propia voz disfrazada? Esa voz era tan insistente que ya se había vuelto parte de él y en muchas ocasiones se mimetizaba con el ruido blanco que había dentro de su propia cabeza. La voz no le provocaba ningún daño; sin embargo, lo inquietaba. No podía recordar el momento en el que la voz se había hecho presente, incluso pensaba que tal vez estaba ahí desde siempre. Podía comprender las palabras de aquella voz, pero no entendía el mensaje y mucho menos por qué lo exponía con tanta insistencia.

Lo que la voz le expresaba era lo siguiente:

-No te acerques, hay locura, hay maldad; no vayas. El farol más grande que servía de norte se apagó hace mucho, desde ese momento a todo se lo comenzó a cargar la chingada. El pequeño fanal que aún quedaba se extinguió dos lunas atrás, aunque quiero decirte que ante la magnitud de las tinieblas ese pequeño candil no ofrecía ninguna guía, y ahora la jauría corre por todos lados atacando y mordiendo todo. La cal se secó, los codiciosos la volvieron sólida y el oro que emanaba de ella se ha evaporado. Ya no hay nada, si es que alguna vez hubo algo. Solo hay locura, envidia y perversidad.

-El descuido reina en el lugar, ¿recuerdas aquella casa en un pueblo polvoroso?, pues ahora es una ruina, la alberca es un fangal y el jardín yace exánime en medio de una nada abrumadora. Las ventanas se han tornado opacas y la penumbra reina en los salones. A las fotografías las cubre el polvo, tal parece que sus protagonistas hubieran puesto un velo delante de ellos para evitar ver la devastadora historia. Las puertas rechinan semejando el llanto triste y desolador del gran árbol que sostuvo esa casa a base de fuerza y coraje. Los blasones, que no estoy seguro de haberlos visto alguna vez, han sido deshonrados y ultrajados por algunos retoños ponzoñosos que dio aquel gran árbol de Cereza. Las galleras están derrumbadas y la jauría se ha llevado algunos de sus restos. La mersa es miserable y quiere todo para sí, incluso las rizas.

-Las tumbas están sucias, no hay nadie que deposite lágrimas en ellas; las gotas que emanan del alma de los que aún quedan jamás van a llegar y por lo tanto los que habitan en los hipogeos nunca podrán lavar su dolor. La jauría custodia los sepulcros, y por eso las lagrimas genuinas, las de los buenos y humildes jamás van a llegar; ellos no quieren ser devorados por la deslealtad.

-Todo comenzó en un día y a una hora inimaginables. Un viento frío que portaba locura abofeteo nuestra historia, la mía, la de los otros e incluso la tuya, aunque eso tú nuca lo supiste. Las efímeras felicidades se fueron. Los amaneceres cálidos y los besos tiernos se esfumaron. La mayoría fuimos repudiados y, como en una pasarela, uno a uno nos eran exhibidos los preferidos, los que ellos creían que eran los mejores; querían que nosotros imitáramos lo que ellos creían la perfección. Es justo decir que algunos de los que nos eran exhibidos lograron sobrevivir al lodo y ahora vuelan lejos del chiquero.

-El control se perdió y algunos comenzaron a mostrar sus personalidades sin ningún recato. Emprendieron actos absurdos e inútiles sin tener en cuenta las consecuencias; sus consciencias se obnubilaron y su realidad se perturbó convirtiendo su existencia en una sátira moral. Cuando esos abandonaron la cordura sus existencias se tornaron sórdidas y también se volvieron perversos y miserables. Desde entonces han buscado una ganancia exigua, pero en su afán por vencer en una batalla inútil y sin sentido han dañado a muchos. Ellos se juntaron y juntos cayeron dentro de un remolino sin fin, sucumbiendo ante su propia y espeluznante realidad. Sus bajas pasiones les aturden la razón. Su falta de mesura ha provocado que, en ocasiones, entre ellos mismos se traicionen arrancándose algunos amores. Otros han llegado al extremo de vender sus cuerpos a los léperos sin importarles que sus legatarios sigan sus pasos. Su alma vive en permanente tormento y sus cuerpos cansados y débiles y sus rostros consumidos reflejan la falta de paz que hay en sus espíritus.

La voz tomaba un respiro y continuaba:

-Tú existes, pero uno de tus hacedores nunca nació, al menos no como tú lo has imaginado. No nació, no existe, pero a pesar de eso él es el líder de la jauría; es abyecto, miserable, infame y ruin y está rodeado por hienas que ante la oportunidad se han vuelto carroñeras, o tal vez ya lo eran. A uno de tus descubridores no le importas, nunca le has importado; tampoco le importan sus otros dos descubrimientos, él ha olvidado sus inventos y ha permitido que sus tres creaciones se forjen a sí mismas. Pero si me permites el comentario, creo que eso ha sido lo mejor. Él ha caminado por una vía torcida, tan torcida como su alma; ese camino lo ha llevado a descubrir gente y lugares en los que el deshonor, la corrupción, la degradación, la ignominia, el ultraje y el oprobio son lo común; él se ha acomodado con esas formas y con esa gente volviéndose parte de esa comparsa, eso ya es parte de su vida y no quiere salir de tal tenebrosidad. Tal vez el ahogo y el llanto hayan desgarrado tu corazón durante aquellas largas y desoladoras noches de necesidad, cuando a gritos exigías tu derecho a poseer también al otro de tus inventores. Tú entonces no lo entendías, no lo podías comprender y llorabas; pero ahora conoces la verdad: uno de tus creadores es un cicatero; pero afortunadamente para ti, tu otra creadora, a la que le debes todo lo que eres, te extrajo a tiempo de ese baldón.

-No te acerques, hay locura, hay maldad; no vayas. Pero si pese a esta advertencia decides reencontrarte con tu historia, recuerda que ya alguna vez tú fuiste presa del delirio y de la maldad, y lograste superar ambas; y a pesar de que uno de tus hacedores es el abyecto adalid de la malvada jauría, tú estás fuera y en paz con todos. Tal vez tendrás que enfangarte las piernas, pero  tu causa deberá de ser comprendida y respetada. Seguramente los perversos te zahirieran, pero los buenos, los que lograron zafarse de las garras del demonio de la perversidad te saludarán y te darán la bienvenida.

-No te acerques, hay locura, hay maldad; no vayas.

-Anda, acércate, dirige tus pasos hacia allá….

La voz se apagaba durante un tiempo al concluir su soflama, pero él seguía sin entender……

Miguel Ángel Panini Leal

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Una Historia Perversa

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