Una Historia Perversa

09/11/2010 at 13:40 Deja un comentario

UNA HISTORIA PERVERSA

 

Luís casi había terminado de escribir la novela, únicamente le restaba descubrir el final. Curioso ¿no?, el autor desconocía el desenlace de su obra.

Durante cuarenta años Luís había sido una persona bastante común, contaba con un par de amigos y una novia, tenía un trabajo como contador en una empresa, le gustaba comer tacos al pastor en “Los Dorados”, iba al cine dos veces al mes, escuchaba música y disfrutaba leyendo textos científicos; se puede decir que su vida era bastante anodina. Vivía en un quinto piso en un apartamento que tenía un pequeño balcón. Su vivienda era pequeña pero bien ordenada y parecía que todo dentro de su casa ocupaba el lugar indicado. Sin embargo, cuando decidió comenzar a escribir la novela, Luís resolvió dar un giro a su existencia y escribir inspirándose en su nuevo YO. Fue así que durante varios meses exploró los placeres más extraños que el sexo le podía ofrecer. Experimentó con su propio cuerpo hasta casi morir en medio del éxtasis. Contrató prostitutas y una vez saciada su necesidad carnal las asesinó; participó en violaciones tumultuarias, en ocasiones como parte de la pandilla de atacantes y algunas veces siendo él el objetivo del abuso de una jauría de perversos hombres cegados por sus fantasías; logró entablar algunas relaciones amorosas arrastrando a sus parejas a una vorágine de locura lasciva y abandonándolas en lo más profundo de ese remolino; asaltó tumbas y practicó necrofilia. Pero lo que más placer le ofrecía era cosificar a sus víctimas, fue así que en varias ocasiones después de tener sexo, consentido o no, practicó canibalismo mientras las y los personajes de su novela aún estaban vivos y miraban como sus existencias se extinguían en medio de un dolor tremendo. Su apartamento se transformó en un sitio lóbrego en el que reinaba el caos; Luís convirtió su casa en una especie de salón de la fama en el que coleccionó todos sus trofeos, ahí se podían encontrar desde fotografías de mujeres y hombres vivos, muertos o agonizando; mechones de cabello, ropa interior, dientes y tubos de ensayo conteniendo líquido seminal, hasta vaginas y penes flácidos empotrados en las paredes. Luís se convirtió en un depredador sexual del que toda la prensa de la ciudad daba cuenta.

En la novela quedaron plasmados todos sus crímenes, todos sus excesos así como los infinitos placeres que él había experimentado durante los últimos meses Era como una especie de autobiografía en la que el protagonista y todos los personajes eran reales así como reales eran también todos los acontecimientos que ahí se narraban; sin embargo, Luís no encontraba el final. Había garrapateado decenas, quizás cientos de ideas pero todas ellas carecían del efecto sublime y apoteósico que el autor buscaba para concluir su obra.

El día había terminado y la noche se presagiaba fría. Aquella noche el apartamento de Luís lucía especialmente espectral. La puerta que daba hacia el balcón permanecía abierta y por ella entraba el frío de la noche acompañado por la bruma noctívaga. La luz mercurial proveniente de un arbotante que se hallaba en aquel balcón se colaba al interior de la vivienda y provocaba un efecto fantasmagórico y parecía que los penes que colgaban de las paredes formaban extrañas y grotescas sombras chinescas. Mientras la noche se convertía en madrugada Luís vio como aquella bruma cobraba vida y con voz sepulcral le decía:

-Tú sabes cuál es el final Luís, la historia manda y no tienes otra opción.

Luís lo sabía. Al escuchar estas palabras se levantó del sillón y se dirigió al balcón, miró las tinieblas y aspiró la oscuridad.

Al día siguiente los diarios informaban acerca de la muerte de un hombre que se había arrojado desde su balcón ubicado en un quinto piso; las noticias decían que, al entrar al apartamento de fallecido, la policía había encontrado elementos suficientes para probar que aquel sujeto había sido el depredador sexual que se dedico a aterrorizar a la ciudad durante los últimos meses.

Luís había encontrado un final perfecto y exquisito para su obra. La ciudad volvía a estar en calma…….

 

Miguel Ángel Panini Leal

Otoño 2010

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La Muerte de la Hermana La Voz

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