Pensamientos Extraños, Decimocuarta Parte

12/05/2010 at 12:10 Deja un comentario

Las corazas son duras, poderosas y resistentes. Son conchas que nos protegen de nuestros miedos, del mundo exterior y hasta de exhibirnos ante nosotros mismos. La falta de sensibilidad, de ”feeling” y de sentido común nos vuelve planos, predecibles, intolerantes y nos llevan a creer que, basados en nuestros saberes formales y por lo tanto incuestionables y carentes de fallas, siempre tenemos la razón; en una sola palabra: esa concha, sumada a la carencia de sensibilidad y de sentido común nos vuelve “estúpidos”.

La mencionada “coraza académica” es el síntoma que nos indica que el “acorazado” le tiene miedo al mundo real y por lo tanto carece de madurez emocional. Éste ser “acorazado” no posee ni armas ni herramientas propias para hacer frente a los requerimientos del mundo “de a deveras” Le tiene pánico a ser exhibido y a sentirse humillado, por eso siempre se refugia y busca respuestas en sus conocimientos “formales”, y cuando él se da cuenta de que alguien lo cuestiona tomando como base la sensibilidad y el sentido común, se siente insultado, piensa que el otro está equivocado y trata de desacreditar y de poner en evidencia a esa persona utilizando sus saberes académicos.

Esa gente actúa con “asertividad” solo cuando se siente protegida, cobijada. En esos momentos de protección se olvidan de todo y de todos, se sienten los validos de su Majestad y solo responden al llamado de su Señor. Su miedo y su inmadurez los vuelve sumamente dependientes y siempre consultan todo con su dueño, al que por cierto nunca se atreven a cuestionar (por lo menos de frente) y si éste les dice “dame las nalgas”, pues ellos se las dan sin chistar, aunque después encuentren mil razones para justificar sus acciones. Sin embargo, cuando el Rey se olvida de ellos o cuando no encuentran eco de su voz en la de su amo, no saben qué hacer, se sienten perdidos, parecen animales insignificantes, privados de capacidad de actuación y de poder de decisión. Digo que parecen animales insignificantes, pero en realidad lo son, siempre lo son.

Utilizan esa “coraza académica” para vivir una vida irreal y llena de fantasías que ellos perciben como realidades. No ven más allá de su nariz y piensan que sus blasones escolares, de los cuales siempre se pavonean, son lo que los “hace ser”. Pero en realidad, a pesar de aparentar tener una vida, ellos no existen, “no son”; y “no son” porque fuera de esa coraza su “vida fantástica” no florece. Seguramente, a pesar de que ellos mismos la construyeron, no se dan cuenta de que esa coraza existe, pero a pesar de ello, temen perderla; temen verse desnudos ante el mundo real y descubrirse asquerosos e insignificantes.

Le tienen terror a la soledad y a sí mismos, es así que pretenden mostrarse muy sociables y por lo tanto constantemente buscan compañía. Ya sea que se trate de “acorazados masculinos o femeninos”, buscan mantener relaciones sentimentales con varias personas al mismo tiempo; esto les sirve para evitar que la soledad los tome por sorpresa y derribe su “coraza académica” y también les funciona para tener muchas dueñas o dueños de los cuales depender. Dicen ser felices, y en verdad ellos así lo perciben, pero la realidad es que son seres profundamente tristes y vacios que lo único que desean es huir de ellos mismos para no enfrentar una realidad que intuyen insoportable y aplastante.

Esos “acorazados académicos” le temen al compromiso, les da pavor tomar “decisiones de vida”, prefieren mantenerse en la justificación y en la auto contemplación en lugar de tratar de trascenderse a sí mismos. Se niegan, aunque no se den cuenta, a madurar emocionalmente. Son como los niños pequeños que se destornillan de la risa cuando alguien sufre alguna caída o algún accidente, y cuando son testigos de alguna situación así, prefieren burlarse (aunque sean en su fuero interno) antes de dejar su coraza para ayudar a la persona que sufrió el accidente.

En el plano laboral, es probable que tengan cierta madurez profesional y que sean medianamente exitosos. Ante la autoridad se empequeñecen, pero suelen cuestionar, burlarse y hasta humillar a las personas que comenten errores o bien a quien ellos consideran de menor valor o sabiduría.

Los “acorazados académicos” podrán haber aprendido muchas cosas y saber muchos conceptos, pero no son inteligentes, su academia no les a dado sabiduría porque ésta se aprende viviendo, y ellos, fuera de su micro mundo, no son, no existen y no viven.

Seguramente si un “acorazado académico” leyera lo antes expuesto me diría:  esto no se llama ”acorazado académico”, se trata de un mecanismo de defensa que se llama racionalización, y los mecanismos de defensa sirven para minimizar las consecuencias de un evento demasiado intenso, para que el individuo pueda seguir funcionando normalmente; y más específicamente, la racionalización sustituye una razón real que no es aceptable, por otra que resulte aceptable. Pero lo diría así nada más defendiéndose y cuestionando el sentido común –dicho sea de paso que eso es la psicología, puro sentido común– y tal vez ni se daría cuenta que éste texto lo exhibe y le presenta su propia invalidez emocional.

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