Los Tristes Amores de La China y El Criollo

30/07/2009 at 14:28 Deja un comentario

Sucedió que:

A finales del año del Señor de 1702, do Fausto Cruzat y Góngora, quien hasta entonces fungía como gobernador de Manila, se embarcó con su familia rumbo a la Nueva España. Desafortunadamente, durante el trayecto, Cruzat y una de sus hijas perecieron al contraer una maligna enfermedad. Sobrevivieron la madre, dos hijos varones y María Ignacia, notable por su gracia y belleza, quien se mostraba inconsolable por la pérdida de su padre y hermana.

En el mismo navío, viajaba Domingo Sánchez de Tagle, un joven criollo perteneciente a una de las familias más ricas y distinguidas de la Nueva España, quien, solicito, trataba de consolar a la bella huérfana. De carácter simpático y afable, pronto se ganó el corazón de María Ignacia, y antes de terminar el viaje se juraron palabra de matrimonio, la cual esperaban cumplir en cuanto llegaran a la Nueva España.

Pero los hados no les fueron propicios a los enamorados. A su arribo, el 6 de Febrero de 1703, el entonces virrey duque de Alburquerque giró orden de aprehensión contra Sánchez de Tagle, acusándole de contrabando por no haber declarado todos los bienes que traía de Filipinas ni tampoco los que había transportado a las islas. El padre, don Pedro Sánchez de Tagle, era un rico comerciante del Parián y como muchos comerciantes de entonces y de siempre, tenía problemas con el fisco.

Mientras tanto, la familia Cruzat se instaló en una lujosa casa de campo por el rumbo de La Tlaxpana. La residencia fue decorada con porcelanas y marfiles de China y Japón, y pesados muebles de brocados de Macao. La servidumbre estaba compuesta por chinos y filipinos cuya exótica indumentaria llamaba la atención de sus vecinos. Por todo esto y por la procedencia de la familia que, como se ha dicho, venía de Manila, la gente empezó a llamar a María Ignacia “La China”.

Decenas de pretendiente, en briosos corceles, rondaban la casa esperando verla aparecer cuando la joven salía a misa a la cercana iglesia de San Cosme, y es que además de su belleza, “La China” tenía el atractivo de contar con una dote de 600 mil duros.

Celestinas y beatas se dedicaban a llevar a la Cruzat perfumadas esquelas y ardientes versos, pero ella a todos desdeñaba, pues esperaba que pronto liberaran a su amado. Uno de los más asiduos pretendientes era el conde de Santiago, quien no solo fue del agrado de la familia de “La China”, sino del mismísimo virrey, mientras que la virreina doña Juana de la Cerda y el arzobispo don Juan de Ortega y Montañez tomaron el partido de Domingo Sánchez de Tagle.

El arzobispo- de acuerdo con su protegido, que aún se hallaba en prisión- alegando que bajo la tutela de los Cruzat a la joven se le violentaba para que decidiera por el conde de Santiago, se presentó en la casa y en su propio coche se llevó a “La China” para depositarla en el convento de San Lorenzo.

Por su parte, Sánchez de Tagle, después de poner en juego todas las influencias de su familia logró por fin quedar en libertad y, acompañado del arzobispo, se presentó en el convento donde, frente a varios testigos y algunos familiares, se casó con María Ignacia el 14 de Junio de 1703.

Cuando los parientes de “La China” se enteraron, solicitaron al virrey Alburquerque su intervención para anular el matrimonio, pero ya era demasiado tarde. Entonces, los Cruzat, armados, acompañados de sirvientes y simpatizantes, llegaron ante las puertas del convento, exigiendo que les entregaran a los recién casados, pero estos ya habían huido.

El virrey, furioso por haber sido burlado, mandó reaprehender s Sánchez de Tagle, imponiéndole una multa de 20 mil pesos y además dictaminó su destierro. Pero no conforme con eso, ordenó que la misma suerte corrieran el padre y el tío de Domingo, obligándoles también a pagar a cada uno multa de 10 mil pesos.

Como ambos eran personajes importantes en la ciudad, tanto el consulado de Comercio –donde don Pedro era Prior- como funcionarios de la Casa de Moneda intercedieron ante el virrey para que les revocara la pena. Pero con Domingo no se logró el perdón; fue llevado a la cárcel de la corte y confiscados sus bienes para que pagara la multa.

Mientras, la novia fue depositada de nuevo en el convento de San Lorenzo. Los hermanos estaban tan furiosos que intentaron de nuevo asaltar el claustro para matarla por haberlos desobedecido. El virrey tuvo que intervenir dictando orden de aprehensión contra ellos, señalándoles su casa como cárcel, apercibiéndolos de que si no cumplían sus ordenes, pagarían una multa de 10 mil pesos.

A las 4 de la tarde del día siguiente, el alcalde de la corte, junto con varios alguaciles, sacó a Sánchez de Tagle de la prisión, conduciéndolo a San Juan de Ulúa, donde debía embarcarse hacia su destierro en Panzacola (mejor conocida en la actualidad como Florida, E.E.U.U.)

María Ignacia, al ver defraudadas sus ilusiones, se mostraba triste y melancólica y al poco tiempo enfermó de tifus. En su delirio, llamaba constantemente a su esposo. En un momento de lucidez, antes de morir, hizo testamento; sus últimos deseos fueron que se le pagaran a Sánchez de Tagle todos los gastos que había hecho con motivo de su matrimonio, más de 10 mil pesos.

María Ignacia murió el 17 de Julio de 1703 sin volver a ver a su amado.

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El Malvado Desiderio Casa de la Cultura Jesús Reyes Heroles

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