El Aparecido de la Plaza Mayor

03/11/2008 at 9:08 1 comentario

Sucedió que:

Al despuntar el alba del 25 de Octubre de 1593, en la Plaza Mayor de la ciudad virreinal, exactamente frente a la puerta del Palacio, un soldado marchaba de un lado al otro marcando el paso con gran marcialidad. Estaba totalmente armado con el arcabuz al hombre, la espada y el puñal colgando del ancho cinturón, listos para usarlos ante cualquier eventualidad. Cuando alguien se aproximaba, se detenía y, entrechocando los tacones, gritaba: ¡¿Quién vive?!.

A los madrugadores que cruzaban a esas horas la Plaza les parecía algo extraño porque, en primer lugar, en México no se acostumbraba que los soldados gritaran tal consigna, luego su uniforme era diferente al que usaban los guardias del Palacio.

Los curiosos comenzaron a arremolinarse a su alrededor y conforme avanzaba la mañana, el tumulto era tal que la noticia llegó a oídos del virrey, quien ordeno que el soldado fuera llevado a su presencia.

El guardián, cuyo nombre no fue consignado en la historia, estaba tan perplejo como los que lo miraban y no atinaba a explicar que hacia en ese lugar. Uno de los cortesanos que estaba con el virrey dijo que el uniforme que portaba era igualito al que usaban los soldados españoles en las Filipinas. Entonces el joven soldado gritó: “Yo pertenezco al ejercito español en las Filipinas y anoche estaba haciendo guardia en la garita de la muralla que protege Manila y de repente, como un encantamiento, estoy aquí que, según dicen, es la Nueva España. No se qué pasó”.

A continuación el aturdido muchacho contó lo que estaba sucediendo en su tierra esos precisos momentos. El gobernador de las islas, Gómez Pérez Dasmariñas, había sido muerto de manera violenta apenas la noche anterior.

Tres años antes, el 31 de Mayo de 1590, llegó a Manila para hacerse cargo del gobierno. De inmediato se dio a la tarea de reforzar las murallas y las fortificaciones de Manila. Soñaba con hacer proezas como los grandes conquistadores de su tiempo. La oportunidad le llegó con el rey Camboya, quien deseaba que Dasmariñas lo apoyara para que juntos derrotaran al rey de Siam. Para congraciarse con el gobernador de Filipinas, le regaló, entre otros suntuosos presentes, dos elefantes que causaron asombro en la ciudad, pues no se conocían tales animales.

En el fondo, lo que convenció a Dasmariñas a apoyar al rey de Camboya fue que podría conquistar la Isla de las Especias (hoy archipiélago de las Malucas), cuyo comercio estaba en manos de los portugueses. Las especias (pimienta, clavo, azafrán, etc.) entonces eran un preciado botín para el viejo mundo. Con sigilo, Dasmariñas preparó la flota invasora y al frente de ella emprendió la aventura.

El barco que comandaba el gobernador era una galera impulsada por un centenar de remeros chinos que bogaban al ritmo marcado por un tamborilero. Aún cerca de Manila, una tormenta los sorprendió y separó del resto de la escuadra. Para alcanzarlos, Dasmariñas ordenó que remaran más rápido, y lo quiso lograr a punta de latigazos. Muchos remeros cayeron exhaustos, pero pudieron evadir la tormenta.

Esa noche, los remeros chinos, confabulados con los sirvientes del navío, que también eran chinos, consiguieron las llaves de la armería, repartieron las armas y asaltaron a los españoles que dormían desprevenidos. Dasmariñas luchó con denuedo, pero fue herido por la espalda con un puñal. Los chinos le cortaron la cabeza y la pasearon por toda la galera en son de triunfo. Los cuerpos de los españoles fueron arrojados al mar y amotinados huyeron hacia china continental. Un barco de la frustrada flota rescató al único sobreviviente que relató los pormenores del sangriento hecho.

¿Dasmariñas tenía dotes sobrenaturales?. Cuentan que una pintura del gobernador que estaba en el salón principal del edificio de gobierno de Manila, a la misma hora que los chinos lo decapitaron, se cayó y al levantarlo, vieron con estupor que el retrato estaba roto por el cuello.

¿Fue un fenómeno paranormal el hecho de que un soldado de las Filipinas haya aparecido al día siguiente de la muerte de Dasmariñas en la Plaza Mayor de la Nueva España?. El viaje por barco entre Manila y Acapulco duraba más de dos meses. Luego había que hacer la travesía por varios días, a lomo de mula, desde el puerto de Acapulco hasta la capital.

La gente decía que era obra del demonio, el virrey no quiso meterse en honduras y solicito al Tribunal del Santo Oficio que se encargara del asunto. El soldado fue interrogado exhaustivamente, nunca cayó en contradicciones y entonces tomaron la decisión de regresar al muchacho a Filipinas por la vía normal; es decir por barco, no sin antes hacerle jurar que a nadie le contaría el extraño suceso en que se había visto envuelto, de lo contrario, sería condenado a la hoguera por tener tratos con Lucifer.

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