El Nacional Monte de Piedad

18/08/2008 at 13:46 Deja un comentario

Pedro Romero de Terreros, fundador

Aquí estuvo el palacio de Axayácatl, que a la llegada de los españoles fue conocida como Las Casas Viejas de Moctezuma. Éste palacio fue derribado tras la caída de Tenochtitlan, y el predio fue cedido en propiedad a Hernán Cortés, quien construyo sobre las ruinas de aquel gran edificio lo que sería la sede del gobierno nacional. Ahí se instalaron la Audiencia y el virrey de la Nueva España originalmente, hasta que la corona compró a los herederos de Cortés el edificio que dio origen al Palacio Nacional.

De su aspecto original nada subsiste; todavía en 1848 se le agregó un piso. Aún así su imagen conserva el gusto barroco del que se le vistió en el siglo XVIII, al unir a su fachada la cantera y el tezontle rojo.

El Real Monte de Piedad de las Ánimas fue fundado en 1774 por el rico minero Pedro Romero de Terreros, conde de Regla, en unas accesorias del antiguo colegio de San Pedro y San Pablo. Este edificio lo adquirió en 1836, y lo acondicionó para sus oficinas y bodegas. Esa institución tuvo como objetivo el préstamo de dinero mediante la presentación de una prenda en garantía; labor que persiste hasta hoy día.

El edificio es interesante y en sus salas de venta, de las prendas que no pudieron ser rescatadas, se pueden adquirir, a buen precio, joyas, relojes o antigüedades.

Esta institución, por su tipo de desempeño, guarda muchas anécdotas y un gran número de sorprendentes estadísticas, por ejemplo, Juan Cervantes fue la primera persona que empeñó, el sábado 25 de febrero de 1775. Hoy el valor mínimo para empeñar es de 30 pesos. Casi un 90% de los pignorantes empeñan alhajas. Por casas se presta desde 50 mil hasta 300 mil pesos. A partir de 1932 se reciben vehículos en empeño. Casi 2 mil millones de pesos ha entregado como donativos a diversas causas, solamente en los últimos 10 años.

En los registros de empeño también existen datos curiosos, como el caso de una mandíbula de tiburón convertida en arpa, el bastón que perteneció a Agustín de Iturbide, una vajilla usada por Porfirio Díaz y, lo más curioso, un reloj de arena con las cenizas de un cadáver en su interior.

Esta institución, al establecerse en este sitio, dio nombre a la calle de Monte de Piedad, que pasa frente a la puerta principal del edificio. Durante los primeros años de la Colonia, fue conocida como calle de La Guardia, haciendo referencia a los centinelas que cuidaban las propiedades de Cortés y el primer palacio virreinal. Más tarde se le llamó calle de Cereros, por los comerciantes de cera que en ella se instalaron y, al final del periodo colonial se conoció como calle del Empedradillo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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